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jueves, 23 de febrero de 2012

La obsolescencia programada es un crimen:


La wikipedia define la obsolescencia programada como: “la determinación, la planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que -tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o por la empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio- éste se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible[…]El procedimiento suele ser el siguiente: uno de los aparatos electrónicos de uso habitual falla. Cuando el dueño lo lleva a reparar, en el servicio técnico le dicen que resulta más rentable comprar uno nuevo que arreglarlo.” 

 
Imagen de:  coiim.es

Es decir, se trata del sabotaje de los productos por parte del fabricante a fin de que al cabo de cierto tiempo, por lo general los 2 años de garantía, deje de funcionar y se tenga que comprar uno nuevo (véase éste documental). Esto no sucede como consecuencia de la reducción de costes, sino a pesar de ello. En muchas ocasiones el coste de fabricación de un producto saboteado es mayor. Citando uno de los múltiples ejemplos tenemos  el caso de la impresora de baja calidad LaserWriter E de IBM y su gemela LaserWriter de alta gama. Ambas son idénticas salvo que la más barata resulta ser más costosa debido a que lleva un chip que la hace más lenta con el fin de sabotearla.

Imagen de: kuyle.info
Existen tres tipos principales de obsolescencia programada: 1) por moda (como la ropa cuando se pasa de moda), 2) por fallo (cuando un monitor deja de funcionar), 3) por utilidad (cuando un ordenador se vuelve antiguo). Cada tipo tiene su estrategia particular pero el objetivo es el mismo, que compres antes de lo necesario. Este es el motivo por el que una torre de ordenador tarda mucho más en estropearse que un monitor. La torre es del tipo 3, es decir, la tendrás que cambiar porque se habrá quedado antigua, de modo que el fabricante no tiene la necesidad de sabotearla para que se estropee. En cambio, el monitor es del tipo 2, es decir, se precisa un sabotaje para que deje de funcionar y el consumidor compre otro.

Imagen de: rtve.es
La obsolescencia programada es un crimen contra la Humanidad y el planeta. Los recursos de este planeta, que no solo nos pertenece a todos, sino a todas las generaciones futuras, están siendo dilapidados absurdamente para producir bienes basura. Es decir, se desvían los recursos de toda la Humanidad hacia el vertedero, en vez de en cubrir sus necesidades. Muchas empresas se proclaman las más feroces defensoras de las ideas nobles, éticas y ecológicas cuando no son más que farsantes. Apoyan estas ideas solo cuando les benefician económicamente (subiendo el precio por ser ecológico) o ganando cuota de mercado (gracias a los consumidores que engañan con su falsa luz) mientras que siguen generando productos saboteados con la obsolescencia programada. Especialmente dañinos son los elementos electrónicos porque se reemplazan con alta frecuencia y además contienen componentes altamente contaminantes (como el plástico, el polipropileno, las baterías de plomo,…) que pueden tardar en degradarse hasta 1.000 años.

¿Soluciones? Hay varias y pueden llevarse a cabo simultáneamente.  En la primera, el actor principal es el consumidor. Comprando los productos más duraderos y de calidad, aunque sean algo más caros, no solo es más barato a largo plazo, sino que estamos penalizando a la obsolescencia programada. En la segunda el actor principal es el Gobierno. Aumentando la duración de las garantías de productos durables o de alto importe, las empresas se ven forzadas a aumentar la vida útil del producto, aunque para ello tengan que aumentar algo el precio. Por último, un cambio en el funcionamiento de las garantías de productos. Si se estropea un producto dentro de garantía, ésta se vuelve a reiniciar como si fuese nuevo, evitando así arreglos chapuceros para llegar por los pelos a cumplir con la garantía (práctica muy extendida).


Imagen de: nemsolutions.com

En definitiva, no propongo bajarnos del tren del “progreso”, sino que deseo que tomemos un respiro, miremos y meditemos si hay algo mal, lo arreglemos y lo pongamos en marcha con más fuerza que nunca hacia el desarrollo no solo económico, sino humano y ecológico, y por ende, hacia una sociedad digna de ubicarse en el siglo XXI.

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